Instituciones de gobierno
La autoridad suprema en la ciudad de México-Tenochtitlan era un tlatoani (en náhuatl tlahtoani 'orador'). El "imperio mexica" llamado por sus súbditos Triple Alianza fue inicialmente una alianza militar de tres ciudades: Texcoco, Tlacopan y Tenochtitlan. Al frente de cada una de estas había un tlatoani que era la máxima autoridad en esa ciudad. Con el paso del tiempo la ciudad de Tenochtitlan fue prominente y de hecho las otras dos pasaron a estar sometidas de facto a las órdenes del tlatoani de Tenochtitlan que por eso se denominó huēy tlahtoani ('gran orador') para señalar su posición por encima de los otros dos. Este es el cargo al cual la historiografía europea llama "emperador mexica".Todos los puestos de tlatoanis (náhuatl tlahtoqueh o tlahtoanih) eran cargos hereditarios. Además de los tlatoanis existían los "nobles" (náhuatl pīpiltin) con muchos de los cuales el tlatoani tenía relaciones de parentesco. A esa clase pertenecía frecuentemente la esposa del "emperador". El resto de la sociedad estaba formada por guerreros, sacerdotes y los plebeyos (náhuatl macehualtin)
Religión
Escultura mexica de un hombre sosteniendo un fruto del árbol del cacao.
La religión mexica fue la síntesis de las creencias y tradiciones milenarias de los antiguos pueblos mesoamericanos,
de una complejidad que implicaba la existencia misma, la creación del
universo y la situación del ser humano respecto a lo divino, ligada
estrechamente a la agricultura y a la lluvia. El concierto humano tenía
en la naturaleza divina su razón de ser e implicaba diversos conceptos,
de los que los mexicas fueron los herederos de un núcleo religioso mesoamericano construido a lo largo de muchos siglos.
Según lo expuesto por el estudioso Alfredo López Austin, en la concepción mesoamericana
la materia se integraba de una parte animada — visible, tangible — y
otra con una carga interna con dos fuerzas, una luminosa, caliente y
seca y otra oscura, fría y húmeda, semejante a la noción del cosmos (que
sintetizaba una creencia cosmogónica en que la parte luminosa era la
bóveda celeste hasta el sitio donde habitaba el sol — de característica
masculina/paterna, productora de lluvia fecunda — y la oscura con el
inframundo — femenina/materna receptora de la lluvia fecundadora y sitio
de la concepción humana y natural). Los dioses estaban integrados de
forma variada por esas dos materias y mantenían una comunicación
constante con los humanos, los que podían llegar a "alojar" en los
cuerpos mundanos de forma intensa (convirtiendo al ser habitado en el
dios mismo, como en las fiestas en que sacrificaban a un noble que era habitado por Xipe Tótec) o de forma ligera provocando perversiones o virtudes.
Estas fuerzas impregnaban todo lo habitado en la Tierra
y su equilibrio caracterizaba el orden micro y macrocósmico, que debía
ser mantenido. En el caso mexica, una sólida élite sacerdotal detentaba
el poder de comunicación y de equilibrio como forma de sometimiento
ideológico con el grueso de la población, neófita en las explicaciones
cosmogónicas. Las fiestas religiosas tenían como fin equilibrar la
voluntad creadora frente a la destructora o nociva y así garantizar la
continuidad de los ciclos, desde el vital hasta el agrícola. Fue hasta
los pueblos del Posclásico
que la combinación de estas creencias junto a la de la necesaria
renovación vital y reciclaje de las fuerzas vitales tuvo en la sangre
humana la expresión viva del ritual de la continuidad. Por ello, se
realizaban sacrificios ya fuera a los humanos invadidos de las fuerzas
divinas y que eran inmolados con el fin de la renovación de los poderes
de los dioses «humanizados» o en la búsqueda del alimento (el agua
preciosa o atl-tlachinolli) vital para el aseguramiento del tránsito celeste. A partir de la reforma de Tlacaélel, se concretó la creencia para los mexicas de que la sangre era el alimento de Tonatiuh, el cual era transportado por el cielo en dos enormes serpientes. Esta creencia tiene su representación en la Piedra del Sol. En relación con esto cabe mencionar que las elites política, religiosa y militar practicaban la antropofagia ritual con las víctimas de los sacrificios.
Quetzalcóatl
era un dios antiguo, anterior a los mexicas del cual hay diferentes
versiones: Para algunos era el creador del hombre, mientras que para
otros era un dios civilizador identificado como Prometeo. El mito de Quetzalcóatl
es muy interesante para entender la reacción de los mexicas ante la
llegada de los conquistadores. Este dios también es conocido como el
dios del viento bajo el nombre de Ehécatl, que es una de sus formas, y otra de sus formas es la de dios del agua y dios de la fertilidad. Quetzalcóatl es considerado hijo de la diosa virgen Coatlicue y hermano gemelo del dios Xólotl.
Como introductor de la cultura, él trajo al hombre la agricultura y el
calendario, y es patrón del las artes y de los oficios. En un mito
mexica el dios Quetzalcóatl permitió ser seducido por Tezcatlipoca,
pero se arrojó a sí mismo a una pira funeraria lleno de
arrepentimiento. Tras su muerte su corazón se convirtió en el lucero de
la mañana, y como tal es vinculado con la divinidad Tlahuizcalpantecuhtli.
En cualquier caso, este dios, descrito como un ser de rostro blanco y
barbado, era un dios pacífico y civilizador, opuesto a los sacrificios humanos,
que intentó detener esta práctica ritual. Al fracasar en su propósito,
emigró hacia el este, prometiendo que un día regresaría en un año
determinado de la cuenta mexica. Esto afectó en la actitud de los
mexicas antes de la llegada de los primeros españoles (Hernán Cortés).
Templo Mayor
En el centro de la ciudad se encontraba el Templo Mayor,
un recinto amurallado (con un muro en forma de serpiente, coatepantli)
donde se encontraban los principales templos y la Casa de los jóvenes
(telpuchcalli). Cerca de ahí se encontraba el palacio de Axayácatl, que disponía de 100 habitaciones con baño propio para los visitantes y embajadores. Fue ahí donde se alojaron los hombres de Cortés, junto con sus aliados tlaxcaltecas.
El palacio de Moctezuma tenía varios anexos. Uno de ellos era la casa
de las fieras: dos recintos donde se cuidaban animales de gran parte de
Mesoamérica. Un recinto estaba dedicado a las aves de rapiña y el otro a una gran variedad de animales, que incluía aves, reptiles y mamíferos.
Alrededor de 300 personas estaban encargadas del cuidado de los
animales. Existía también un jardín botánico dedicado especialmente a
las plantas medicinales. Otra sección era una especie de acuario, que contenía 10 estanques de agua salada y 10 estanques de agua dulce para peces y aves acuáticas.
Los canales se cruzaban por puentes de madera que de noche eran
removidos. Fue tratando de cruzar estos canales de noche que los
invasores perdieron la mayor parte del oro que habían robado del palacio
de Moctezuma. El trazo de los canales aún se conserva en el trazo de
algunas avenidas de la actual Ciudad de México como México-Tacuba,
Calzada del Tepeyac o Calzada de Tlalpan.
Artes
El pueblo mexica fue un buen pueblo escultor ya que podían realizar
esculturas de todos los tamaños en las que plasmaban temas religiosos o
de la naturaleza. Captaban la esencia de lo que querían representar y
luego realizaban sus obras con todo detalle. En las esculturas más
grandes solían representar dioses y reyes. Las más pequeñas las
utilizaban para representaciones de animales y objetos comunes. Los
mexicas utilizaron la piedra y la madera y a veces decoraban las
esculturas con pintura de colores o incrustaciones de piedras preciosas.
La música, canto y danza
acompañaba a todas las ceremonias de carácter religioso, los
matrimonios, los funerales, los sacrificios, las de carácter político
como la ascensión de un nuevo dirigente, las de carácter guerrero e
incluso las festividades relacionadas con los ciclos calendáricos. Los
bailes religiosos se realizaban en los patios de los templos. Algunos instrumentos musicales usados son Teponaztli, Tecomapiloa, Omichicahuaztli, Huehuetl, Coyolli, Chililitli, Chicahuaztli, Cacalachtli, Ayotl, Ayacahtli, Tetzilacatl, Ayoyotes

